miércoles, 11 de noviembre de 2015

Un tuit... (T2.2)


En la larga lista de tuits he elegido una de las famosas citas de Scott Fitzgerald:
Siempre que uno se enfrenta a una hoja/entrada (de blog) en blanco, lo más fácil para solventar el primer obstáculo de cómo empezar a decir algo, es preguntándose qué es lo que quiero contar. Esta cita me ha recordado ese primer momento, y me ha hecho ver que quizás sería interesante darle una vuelta de tuerca a esta pregunta inicial y replantearme el por qué escribo: ¿es que quiero decir algo, o es que tengo algo que decir?. Ese "tener que", ¿intuye una premisa, una necesidad o un deber moral de que las cosas se dicen para proporcionar algún tipo de información?. Tras este dilema siempre se tiene el temor de "hablar por hablar", o mas bien escribir por escribir, para formar parte de ese colectivo que opina o se pronuncia sobre una cuestión.

He de decir, para ser sincera, que nunca fui muy fan de twitter y quizás porque pensaba que un porcentaje muy alto de la ingente cantidad de tuits que circulan, no eran más que formas rápidas, resumidas y directas de afirmar o rechazar una opinión. Que al fin y al cabo no aportan nada nuevo a lo que se está debatiendo, pero ahí estaba mi error. Todas las opiniones cuentan, al menos para la persona que la da, y por supuesto que son dichas por alguien que tiene algo que decir. La cuestión es si yo quiero o no leerlas, porque me sirvan o me ayuden a entender una idea. Creo imprescindible saber decidir por uno mismo lo que se quiere leer y en lo que se quiere indagar, de la misma manera que hay que saber discriminar aquella información irrelevante o superficial.


Estoy apunto de iniciar un recorrido muy largo en el que hay mucho que leer y otro tanto que escribir, y considero que es importante no perder de vista esta idea.

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